Dr 654 – De 43 – M 5 – V 5 – Dea 501
Los tenientes se soltaron de sus asientos y flotando se dirigieron hacia nosotros.
Me sentía ligero. Nos soltaron y con un suave movimiento nos levantaron de los asientos.
Aunque recordé las horas de entrenamiento pasadas en las enormes piscinas… Experimentar el vacío y la ingravidez del espacio fue una experiencia emocionante y surrealista. Al flotar en el vacío tuve la sensación de estar volando libremente, sin límites ni restricciones. Fue una sensación parecida al mismo tiempo que infinitamente distinta.
La ingravidez era una sensación extraña e indescriptible. Cada movimiento que hacía me hacía flotar sin esfuerzo, como si estuviera bailando en el aire. En la piscina luchaba contra el agua y su densidad. Pero aquí, esa mínima fuerza no existía. Al principio sentí un poco de vértigo y mareo. Dicen que porque el cuerpo debe acostumbrarse también a la falta de gravedad.
En la piscina el agua te frenaba y permitía el cambio de dirección. Aquí no, aquí no podías cambiar de sentido sin apoyarte en algo o en alguien.
Cuando realicé la libertad de movimiento que teníamos y me acostumbré mínimamente, me dirigí a los ventanales y ahí fue donde descubrí la realidad. El Bult, nuestro hogar, no era más que uno entre decenas de ellos. Ver la realidad de nuestra civilización y la oscuridad del espacio profundo me hizo sentir una mezcla de humildad, asombro y aislamiento. Fue una sensación extraña, como si estuviera viendo mi existencia desde una perspectiva completamente nueva.
Había visto una esfera negra antes antes de observar ahora que no era una, sino decenas de ellas, las que podía ver desde el ventanal. Decenas de ellas y cientos de puntos luminosos revoloteando alrededor.
Sentí miedo y ansiedad al darme cuenta de lo vulnerable que era y que podía ser nuestra civilización frente al universo que descubría. Mezcla de sensaciones opuestas, de poderío y de fragilidad; de seguridad y de peligro; de fuerza y de debilidad.
Sentí a mi binomio junto a mí suspirar.
Lo que acabamos de descubrir junto con la nueva experiencia de flotar en el espacio, aunque fuera dentro del espacio reducido de la nave, nos dejó una composición de emociones y una profunda sensación de asombro y humildad que recuerdo siempre que tengo un momento de descanso.
La sensación de flotar en el vacío y ver El Bult desde una perspectiva completamente nueva fue indescriptible, y me hizo apreciar aún más la belleza y fragilidad de nuestra civilización. Había sido elegido para protegerla.
Tras dejarnos un poco más de tiempo con nosotros mismos, nos pidieron que tomáramos asiento. Llamaron al puesto de pilotaje y sentí como el peso de mi cuerpo volvía. La gravedad había vuelto.
No nos dirigieron la palabra en el trayecto de vuelta. Creo que nos dejaron sentir dentro de nosotros lo que acabábamos de ver. Sentimos la nave aterrizar en el hangar. El vuelo de vuelta me pareció mucho más corto que el de ida.
Nos desatamos y fue en el momento de levantarnos que mi binomio cayó.

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