En búsqueda de una nave

Dr 654 – De 43 – M 5 – V 5 – Dea 501

Los ejercicios a los que tuvimos que enfrentarnos en solitario o en pelotón no tenían nada que ver con los que habíamos realizado hasta ese momento.

Pero salimos airosos.

Pude dividir mi pelotón en dos escuadras de 10 hombres. Antes de acabar el cuarto hice una reunión de resultados, nombré oficialmente a los dos cabos y felicité a mis hombres. Les mandé al barracón con la orden de descansar.

El sueño era algo importante. Se podían hacer misiones sin dormir, pero había que descansar el cuerpo y la mente siempre que se podía. Además, sabía que llegarían duras pruebas y no quería que el pelotón empezara con mal pie.

A mis dos cabos les pedí que se colocarán en los dos extremos del barracón y vigilaran el buen descanso de los hombres. Me despedí de ellos comentando que me habían dado informes que debía estudiar para la siguiente Dea y que necesitaba encerrarme.
Me puse el equipo de inmersión y esperé un clic para salir de mi cuarto.

Me dirigí a la sala de reuniones. Me había dado cuenta de que no me habían informado de donde se encontraba la nave. No fue una sorpresa encontrarme con mi binomio. Era lógico que no sabiendo ni lo que era ni dónde podría estar, fuéramos al lugar donde podíamos encontrar las respuestas. Consultamos los planos del cuartel. No había nada sobre una nave acoplada, pero si había un mensaje que decía: os esperamos ahí, y una flecha nos enviaba a un compartimento en lo alto del cuartel. Sonreímos. Se ve que no éramos los únicos que habían dado por hecho que los planos lo indicarían todo.

Aceleramos. Corrimos lo más sigilosamente posible hacia el compartimento. Llegamos justo a tiempo.

“Caballeros, como habrán notado, el cuartel lleva un cuarto desplazándose hacia el exterior del anillo de formación. Llegaremos al último muro en poco más de dos cuartos y a destino un poco más. Pero nosotros llegaremos antes. Recibiremos a sus hombres en el centro de formación. Para ir tomaremos una de las naves de transporte acopladas al cuartel”.

¿Naves? De nuevo la palabra desconocida en ese momento para nosotros. Desde entonces he visto de todos los tamaños y formas. En la parte del BULT que yo conocía, en mi Elyseum, no había naves. Los únicos vehículos que se levantaban del suelo eran los de transporte, los rápidos, que llevaban a los ciudadanos de un anillo a otro. Se desplazaba por electromagnetismo, flotando sobre los raíles.

Nos hicieron pasar al interior. En ese momento no era más que las entrañas de un vehículo de transporte normal, con sus dos pilotos en la parte delantera. Nos hicieron sentar y atar los cinturones. Entonces la nave vibró y sentimos una sacudida. Miré hacia los pilotos. Algo no iba bien, sólo veía el cielo. Recuerdo que pensé: ¿Dónde está el camino o las vías magnéticas?

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