Dr 654 – De 43 – M 5 – V 5 – Dea 500
Acostumbrados a poco dormir y a estar siempre alerta, cuatro clics de descanso eran más que suficientes para encontrar una estado de forma óptimo. Descubrimos en los barracones nuestros nuevos uniformes. Negros, simples, ligeros. El mío, como sargento, tenía una insignia negra en el cuello. Y como Sargento tenía derecho a mi propio cuarto, situado antes del barracón de mi pelotón.
No me tumbé, preferí salir y andar. Eso me despejaba la mente.
Si las instalaciones de las pruebas eran fijas, nos comentaron que el cuartel de campaña no lo era. Desde esa Dea sería nuestro cuartel. Sería nuestro hogar. No vendrían transportes a por nosotros. Nos iríamos con el cuartel a cuestas. Sería, como descubriríamos más de una vez, nuestro escudo protector, nuestro transporte, nuestro hogar. Pero no sólo para la formación, sino para todo nuestro servicio como CS mientras perteneciéramos a la unidad.
La caminata me refrescó el ánimo. Había pasado las pruebas. Pero no como había pensado. Sargento. Empezaba como Sargento. De todo el cuerpo de novatos sólo elegían a dos y yo era uno de ellos. En estas pruebas sólo habían pasado 42 CS, dos de ellos con el grado de Sargento.
Según los comentarios de los veteranos, la promoción más pequeña desde que se puso en marcha el proceso. Al cabo de varios decanos supe que era la frase que siempre decían. Siempre eran 40 CS. La diferencia, no siempre había Sargentos.
Al volver del paseo me hizo impresión el ver veteranos saludarme. Ahora, como Sargento, era su superior. No, no me gustaba destacar. Pero sabía que tenía que devolverles el saludo con el mayor respeto posible. Formaba parte del cuerpo y era Sargento.
Me dio tiempo a asearme antes de ir a la sala de reunión. La unidad estaba ahí y el capitán con sus tenientes. Recibimos la primera de las sesiones informativas que tendríamos el primer clic del primer cuarto de cada Dea; si los ejercicios, formaciones, misiones, nos lo permitían.
Nos explicaron la composición del cuartel. Era un centro operativo completo para la unidad.
Además de los barracones y el comedor que conocíamos, descubrimos que llevábamos con nosotros un centro médico completo, un centro de entrenamiento físico y otro mental, un centro de diversión con un mirador en la parte alta, eso sí, entre cañones de plasma y láseres. El resto y usos del cuartel los descubriríamos pronto. El último sería, que, en el caso de ser necesario, se podía transformar en un bunker impenetrable. Pero para ello quedaría todavía unas cuantas Eras.
Tras la sesión, nos llamaron a mi binomio y a mí.
El capitán nos quería hablar en privado. Seguimos a los tenientes hasta el despacho del mando:
“Caballeros, desde hace Eras, hemos decidido no contar nada a los novatos sobre a dónde vamos para proseguir la formación para no traumatizarlos hasta que consideramos que están preparados. Pero si queremos hacerlo, necesitamos mostrarlo a sus sargentos. Por eso tomarán con nosotros el nave acoplada al cuartel en un cuarto, mientras sus pelotones duermen.
Deberán ponerse los nuevos equipos de inmersión. Verán que las gafas y e casco han sido sustituidas por un único casco. No hace falta que lo pongan, pero sí que lo traigan. No deberán traer nada más. Tampoco deberán comentar nada con sus hombres. Dicho esto, les felicito por sus nombramientos y les deseo lo mejor para con el BULT. Pueden retirarse.”
El teniente Noirville nos dio las órdenes para el siguiente cuarto con la obligación de elegir antes de ir al cuarto de descanso, a dos cabos. Mi binomio llevó a sus hombres a la sala de entrenamiento físico. Yo al del entrenamiento mental.

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