Dr 654 – De 43 – M 5 – V 5 – Dea 500
Los dos médicos milagrosos y yo fuimos llamados al cuartelillo.
En el camino estos me comentaron que para ellos era también una prueba. Querían pertenecer al secreto cuerpo médico del muro exterior. Un cuerpo que acompaña a los CS del muro. La más alta distinción de su cuerpo. Como nosotros.
Ellos, al igual que yo, habían roto filas al ver la absurdidad de las órdenes dadas y, al haberme escuchado, habían, más o menos, seguido mis recomendaciones.
Nos separaron de nuestro grupo y nos enviaron al cuartel de campaña móvil.
Recuerdo la voz seca y profunda del Capitán Kelsey. Con una frialdad y agresividad que, a día de hoy, todavía, a pesar que he luchado, comido y festejado a su lado innumerables veces desde entonces, cuando lo recuerdo, me pone los pelos de punta:
“¿estos son los que incumplieron las ordenes?”
Los tres dimos la misma respuesta con palabras diferentes.
Ordenes absurdas que nos llevarían al desastre. Prueba de ello, todos habían sido eliminados. Y de haber seguido las órdenes, hubiésemos estado nosotros entre ellos, aumentado el número de bajas.
Nos escuchó y nos pidió detallar el porqué, razonar que es lo que estaba mal y que es lo que hicimos bien. Dimos nuestra versión. Los tres dimos, casi, palabra por palabra la misma.
En otra habitación del cuartel, sin saberlo, habían llevado a los que me siguieron. Todos me señalaron como responsable y culpable de la desobediencia.
De vuelta al campo de pruebas, para recoger nuestros macutos, vimos como el resto de nuestro grupo subía en camiones.
Nos veíamos expulsados. ¿Cuál sería nuestro castigo?
“¿Custodios?, síganme”
Así fue como conocimos al Teniente Primero Noirville.

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