Dr 654 – De 43 – M 5 – V 5 – Dea 500
Pasamos a la siguiente prueba.
Nos dejaron un clic de descanso para que nos conociéramos. Nos sirvieron de comer.
El sargente de instrucción nos informó que el novato vencedor se transformó en nuestro cabecilla. Todavía no se merecía grado alguno. Solo ser el “jefe” de la siguiente prueba.
Nos llevaron a la segunda sala de entrenamiento. Un edificio bajo pero infinito en el que estaba la piscina más grande que jamás había visto. Ni los lagos de nuestro círculo eran tan grandes. Traje cerrado y casco de inmersión listo.
Misión, llevar del punto “a” al punto “b” material médico y proteger al equipo médico. Si no llegaba al menos la mitad del equipo y la mitad de los médicos, eliminados. Si no llegaba al menos uno de los CS para el informe, eliminados. No pude más que fijarme en el cuello de los médicos. Si no se conseguía, todos eliminados. Era rojo.
Nos volvían a dejar un cuarto de clic para ponernos de acuerdo, mirar las armas y preparase.
Me gustaba el traje de inmersión. Nos permitía trabajar bajo el agua fácilmente. Las pantalla del casco nos permitían adaptar la vista a la luminosidad ambiente y los guantes junto con los nervios centrales del traje nos hacían más fuertes y rápidos. Tanto o más que si estuviésemos en tierra. Salvo que en el agua no hay horizonte. Hay “esferidad ”. Si bien la palabra exacta es esfericidad, yo siempre lo llamé así. Decía que era mi libertad lingüística.
Me imaginaba una esfera en la que me situaba en un punto concreto según fuera la prueba, marcaba el centro de esta en mi mente y me movía respecto a él.
Según el ejercicio la esfera era “más grande” o “más pequeña” y yo me encontraba en un punto o coordenada mental, más lejos o más cerca de su centro. Me fue difícil explicárselo a mis hermanos cuando terminábamos los ejercicios en la piscina del centro de entrenamiento. Siempre acababa entre los tres primeros. La verdad es que podría haber acabado primero siempre, pero pronto dije siempre, descubrí que mejor tener un perfil medio alto y estar en las sombras. Si era demasiado bueno los mayores me lo hacían pagar. Si era malo, también. Siempre en la media alta. Bueno para los superiores, bueno para no tener problemas con mis hermanos.
Pasamos la prueba, por poco.
Eso sí, desobedecí, la que sería la primera de muchas ordenes de un superior. Tras ver el desastre que sería la operación planificada por el jefe novato, al empezar la prueba ordené a un grupo seguirme. No sé si fue mi seguridad, el miedo que tenían al sentir el calor de la luz hacia la que nos dirigíamos, el número de enemigos armados que vieron llegar o se dieron cuenta del desastre de la planificación, pero me siguieron.
Llegamos al punto de extracción los que me siguieron: cuatro CS y 3 médicos, así como dos médicos que, por milagro consiguieron llegar por si solos. Los dos grupos sumados, y el material que llevábamos, daban por buenos los requisitos para pasar la prueba.
Dos pruebas, dos aciertos. No pensé en las consecuencias de mi decisión. Sólo en cuál sería la tercera prueba.
Pero, no hubo tercera.

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