Dr 654 – De 43 – M 5 – V 5 – Dea 500
Saludé al sargento instructor y me senté en el interior. Ya habían pasado por las demás casas, yo, definitivamente, era el último en todo.
Aunque aproveché el trayecto, como todos los novatos, para estudiar el protocolo de llegada, no dejé de observar el paisaje que desfilaba ante nuestros ojos. Éramos del decimosexto círculo y sólo teníamos que recorrer cinco para acceder al vigésimo segundo, donde se nos realizarían las pruebas. Pero eran los cinco círculos más extensos del Elyseum. Vi las enormes máquinas dirigidas por los cosechadores en acción, pasamos por campos verdes que se perdían hasta el infinito.
Sólo interrumpidos por las impresionantes construcciones de almacenaje.
Cuando ya íbamos a acceder al círculo, destino de nuestro trayecto, nos pararon media docena de custodios grises. Control de acceso. Tras analizar nuestros anillos e inspeccionar nuestras bolsas seguimos rumbo a nuestra nueva vida.
Dos clics antes de llegar a la base de formación, el transporte se paró de nuevo. Esta vez en un valle donde esperaba un centro de acondicionamiento móvil. Nos hicieron pasar un reconocimiento médico tras el que nos obligaron a ponernos nuestros trajes de inmersión. Nos quitaron nuestros anillos y se nos implantó un chip de comunicación y seguimiento. Tardé casi una Dera en quitármelo, aunque desde la misión Umbral de Ébano, ya no emitía.
Al salir del centro nos separaron en grupos para las últimas pruebas de selección. Los que pasaran seguirían rumbo a los barracones más exteriores del anillo, serían formados como élite del cuerpo de custodios.
Los que no pasaran las pruebas se dirigirían a los barracones interiores del anillo para ser formados como custodios de protección ciudadana o miembros del cuerpo de custodios del Elyseum en anillos interiores. Tres colores, tres divisiones, tres misiones.
Iba a luchar por el negro.
Me pusieron en el octavo grupo. Como siempre, en el último. Sonreí.


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