Dr 654 – De 43 – M 5 – V 5 – Dea 500

Hacía 250 Deas que había cumplido mi mayoría de edad. Era el más joven de mi casa de formación y sólo quedaban tres hermanos esa Dea para festejarlo. Ahora los tres ya se habían ido de la casa de formación a realizar las pruebas de custodios.

No lo consiguieron.

Los volví a ver la Dea siguiente de su salida con la insignia de los custodios grises. Pasaron a saludarme y darme ánimos antes de dirigirse a su nueva zona de vida y tomar posesión de sus nuevos puestos. Ninguno de mis hermanos lo había conseguido. Sólo dos de ellos consiguieron ser custodios blancos y están ahora en los círculos centrales. Los demás volvieron para asegurar el Elyseum.

Pasé tres Vias sólo. Pude soltarme y entrenar sin tener que ser juzgado por mis hermanos.

Me di cuenta, al entrar en la casa de formación, que destacar entre ellos no era lo más eficiente. Al ser el más pequeño no les gustaba que les dejara en ridículo. Tampoco les gustaba que acabase el último. Temían que les impidiera ganar en las pruebas de equipo. Por eso aprendí a ser uno más en las pruebas. Siempre estaba en la media aunque eso significase menos privilegios.

Pasé mucho tiempo en la piscina de entrenamiento. Era mi espacio.

Eran las pruebas donde más dificultad tenía para retenerme. Me hubiese sido fácil ganarlos. Dejarlos en ridículo. Pero no quería perder el acceso a ella. Que decir, de esas tres últimas Vias todavía recuerdo, varias Deras después, la sensación de libertad que tenía.

Pero el último cuarto llegó y sabía que sólo me quedaban tres clics para que llegara el transporte que me llevaría al muro.

Ajusté mi anillo de control, verifiqué mi bolsa y esperé.

Llevaba mis posesiones. Dos trajes de combate, mi traje de inmersión, mi tableta de trabajo y mis palos de entrenamiento. Nos enseñaban desde pequeños a no tener ni desear posesiones innecesarias. En el Elyseum los guardias era austeros. Eso los hacía incorruptibles. No había peor desgracia para un Custodio que ser acusado de avaricioso o derrochador.

Me senté en la ventana y esperé.

Al poco noté la vibración en el anillo. Un mensaje se mostró el mensaje, corto y preciso: Sal y cierra. Y así hice.

Seguramente la casa sería limpiada a la espera de ser ocupada, cuando fuera necesario, con la próxima generación de custodios. El Elyseum sólo procrea lo que necesita.

Salí sin mirar atrás. No sabía en ese momento que sólo volvería varias Eras después y no reconocería mi primer hogar.

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